Introducción

Tras la publicación en noviembre de 2013 de mi primer libro Fotogramas de género. Representación de feminidades y masculinidades en el cine español (1977-1989) llega Más fotogramas de género. Representación de feminidades y masculinidades en el cine español de los 90. Todo indica a que Más fotogramas de género es la continuación de Fotogramas de género. En parte es así. Ambos libros vienen de mi Tesis Doctoral Feminidades y masculinidades en el cine español de la democracia (1975-2000) Rupturas, conflictos y resistencias cuyo texto salvo la incorporación del análisis de las películas de Pedro Almodóvar en el primero y de las películas de Emilio Martínez Lázaro en el segundo, junto con la eliminación de alguno de los capítulos, he respetado prácticamente en su totalidad. Por lo tanto, el punto de partida es un texto unitario que se dividido y se ha ido ampliando.

Si en Fotogramas de género decía que me había costado horrores escribir la introducción, en Más fotogramas de género me ocurre algo parecido. He escrito y reescrito un par de veces una introducción que no me convencía del todo. Me estaba poniendo muy académica y muy estupenda al hablar de las mujeres de mi generación, uno de los grandes temas de este libro y creo que había perdido la perspectiva del germen de todo este proyecto. De una Tesis de esas que se hacen fuera de la Universidad con la precariedad como compañera y que sólo hacen posibles infinitas noches al pie del cañón, mucho sacrificio y mucho amor y apoyo alrededor y sobre todo mucha ilusión kamicace. Por qué, ¡qué coño! llegar hasta aquí inasequible al desaliento en un panorama cultural y editorial como el que vivimos requiere su esfuerzo. Tanto que a veces podemos llegar a perder la perspectiva, aplastadas entre tanta realidad y caer en el inevitable lamento al repasar nuestras trayectorias y olvidar las ganas que nos impulsan a seguir apostando por nuestros trabajos.

Más fotogramas de género comparte con Fotogramas de género todo el andamiaje teórico y metodológico. Como digna continuación, que no segunda parte, se nutre de ese corpus teórico sobre las implicaciones que tiene asumir el cine como fuente primaria para la escritura de la historia de las mujeres y de la historia de género. Sigue con la propuesta de análisis del cine a partir de diversos ejes temáticos como lo son el protagonismo de los personajes femeninos y masculinos y modelos que representan, uso de los espacios públicos y privados, representación de los cuerpos, las sexualidades y el mito de la belleza, representación de las maternidades y paternidades, amor y la violencia. Y pone el foco en diecisiete películas que se dividen en dos capítulos que analizan comedias y películas protagonizadas por la juventud.

Más fotogramas de género continúa con el análisis de la generación que protagoniza las comedias de los 80 y que ponía fin a Fotogramas de género. Tras una breve introducción histórica sobre los feminismos en los 90, en el segundo capítulo personajes interpretados por Carmen Maura, Verónica Forqué o Antonio Resines se mueven entre el desencanto y la guerra de sexos, en la que aquella fiesta democrática ya sólo es un recuerdo. En como Cómo ser mujer y no morir en el intento (1991), dirigida por Ana Belén, adaptación cinematográfica de la novela homónima de la escritora Carmen Rico Godoy, con ironía y mordacidad pone sobre la mesa las nuevas problemáticas sociales y personales derivadas de la incorporación de las mujeres a la vida laboral, desde el punto de vista femenino. Gómez Pereira con Salsa rosa (1991), Por qué lo llaman amor cuando le quieren decir sexo? (1993) y Todos los hombres sois iguales (1994) disecciona las relaciones de pareja (heterosexuales) desde un nuevo escenario marcado por las consecuencias de los divorcios y la resistencia de las masculinidades patriarcales al cambio.

Este capítulo centrado en la comedia sentimental de los 90, lo conforman otras tres películas; Amo tu cama rica (1991), Los peores años de nuestra vida (1994) de Emilio Martínez lázaro y Todo es mentira (1994) ópera prima de Álvaro Fernández Armero. Estas tres comedias siguen con la estela de la comedia madrileña y asumen el mismo esquema narrativo de las comedias sentimentales de los 80 y 90, pero están interpretadas por una nueva generación de actrices y actores.

La principal característica de las películas que vamos a analizar en el capítulo tercero, como apuntan estas tres últimas películas, es el protagonismo de la juventud. Por medio del análisis de diez películas, que abarcan diferentes géneros cinematográficos y temáticas como las películas generacionales, la comedia canalla, el cine protagonizado por jóvenes marginales o el cine protagonizado por mujeres, se estudian las vivencias y problemáticas propias de esta nueva generación que nos permitirán analizar de qué manera supera, la juventud española, si es que lo hace, los retos a los que se enfrentaron sus mayores y a qué nuevas y específicas realidades tienen que hacer frente. Entre la extensa producción de la década se han seleccionado diez películas, que a su vez se han agrupado en dos bloques. De un lado Historias del Kronen (1995) dirigida por Montxo Armendáriz y Páginas de una historia-Mensaka (1998) dirigida por Salvador García Ruiz que destacan, de forma especial la primera, por visibilizar la forma de vida y ocio de la generación X. De otro, Más que amor, frenesí (1996) y Atómica (1997) dirigidas la primera por Alfonso Albacete, Miguel Bardem y David Menkes y por Albacete y Menkes la segunda, películas canallas que tras una pátina de modernidad esconden comportamientos reaccionarios. Cierran el corpus un grupo de películas en las que el protagonismo de las mujeres jóvenes es más que relevante. Este protagonismo vehicula la creación de nuevos modelos que enriquecen el panorama cinematográfico y que desde un punto de vista femenino posibilitan nuevos análisis. Las cuatro primeras películas de Daniel Calparsoro Salto al vacío (1995), Pasajes (1996), A ciegas (1997) y Asfalto (2000) conforman una tetralogía cuyo nexo principal son los personajes interpretados por la actriz Najwa Nimri. Completan este segundo grupo las películas Hola, estás sola? (1995) primera película de Icíar Bollaín, y Amor, curiosidad, prozac y dudas (2001), dirigida por Miguel Santesmases, basada en la primera novela de Lucía Etxebarría escrita en 1997. Se trata de sendas propuestas en las que las protagonistas visibilizan la dificultad de construir una identidad propia por la falta de referentes válidos con los que enfrentarse a la realidad.

Nuestra selección de películas de los 90 se basa en diversos criterios. Por un lado seguimos trabajando en el análisis de la comedia popular y en este sentido las películas de Gómez Pereira, Martínez Lázaro y Fernández Armero son imprescindibles. En las películas protagonizadas por la juventud hemos optado por una amplia muestra que combina desde la comedia gamberra, las heroínas de las películas de Calparsoro o películas protagonizadas por mujeres como es el caso del propio Calparsoro o de Icíar bollaín y Miguel Santesmases. Pero aquí ya entra en juego otro factor importante y es que todas ellas son películas que influyeron en mí y en mi entorno más cercano como espectadora/s.

Por eso me ha resultado mucho más difícil escribir sobre los 90 que de los 80, porque los 90 fueron mi década, la década en la que tuve 20 años y no tuve más responsabilidades que aprobar asignaturas, bajo la protección de una familia que me posibilitó formarme. Los 90 estuvieron marcados por mi independencia, por una libertad y por el acceso al espacio público. En todo este proceso me acompañó la música y el cine, todas las películas que vi y que influyeron en la construcción de mi identidad y personalidad. Y aunque dicho así suena francamente solemne, es cierto ya que nos vimos reflejadas por primera vez en las pantallas como nunca antes nos había sucedido.

Por eso resulta complicado hablar de los 90 a nivel académico, porque es algo que me afecta a nivel personal. Porque es mucho más difícil abstraerse y objetivizar de unas películas que hablan de ti misma, de tus amigas, de tus amigos, de tus kolegas, de tus rollos, de tus novios, de tus parejas. Es complicado aplicar un análisis académico a películas que no sólo te son cercanas en el tiempo, sino que están protagonizadas por actrices y actores que además de tener tu misma edad incluso hacían cosas parecidas. Por eso y porque revisarlas casi veinte años después puede hacer que te lleves alguna sorpresa como por ejemplo que pelis y personajes que creías de lo más modernos y rompedores no lo eran tanto….

También me ha servido para revisar unos años, en lo que en apariencia no pasó nada. Se supone que vivíamos en un mundo ideal en el que las diferencias existían pero se habían difuminado, la igualdad de oportunidades se consideraba un hecho y que nosotras hijas y nietas de aquellas obrerxs que nunca pudieron matar estuviéramos en espacios donde ellas no estuvieron nunca era la mejor prueba. Y sí, los 90 fueron una década cojonuda, ni mejor ni peor. Fue la nuestra.

A pesar de la comodidad material en la que vivimos, siempre luchamos. Luchamos contra la Guerra de Irak, luchamos a nuestra manera contra el terrorismo y luchamos a favor de la Insumisión, una lucha por que los hombres no fueran al servicio militar obligatorio que estuvo llena de mujeres. Y sobre todo luchamos por defender nuestra idiosincrasia que se veía sepultada por una definición de lucha social, política y feminista que nunca nos gustó porque no era la nuestra y porque nunca nos tuvo mucho en cuenta.

Todas estas consideraciones que creo son necesarias documentar tiene una nueva dimensión desde la época actual. Vivimos unos tiempos convulsos a todos los niveles, y esa generación X que hace pocos años era considerada como privilegiada se ha visto de la noche a la mañana arrastrada por una crisis, económica, política, económica, ideológica y cultural sin precedentes. Hemos pasado de ser la generación privilegiada, a ser la generación que más ha sufrido la crisis. Hemos pasado de ser la eterna promesa a ser la única generación a la que le ha ido mucho peor que a las anteriores y eso que somos la generación más preparada de este país.

A nivel feminista, como ya dejé claro en la introducción de Fotogramas de género somos una generación de mujeres que en gran medida llegamos a los feminismos a partir de la academia. Esta trayectoria que nos alejaba de las calles, que tomamos para otros menesteres más banales pero no menos relevantes, implica ciertas características propias. No hemos trabajado por intuiciones, que también, hemos trabajado libro y estudio en mano algo que no era mejor ni peor, sino diferente. Nos hemos roto la cara demostrando que los feminismos tenían cabida en la academia y en nuestras vidas. Al poner todos nuestros conocimientos en práctica nos dimos cuenta de que en el feminismo existía un claro techo de cristal que mantenía unas estructuras y unos espacios poco permeables a la participación y a nuevos aires. Quizá por eso nos lanzamos al ciberfeminismo y al ciberactivismo, porque nosotras individualistas no estábamos dispuestas a los vasallajes y a las jerarquías que venían de la Transición.

A nosotras nos ha tocado lidiar con las contradicciones y asumirlas. Fuimos educadas y socializadas para ser unas superwoman, para ser equilibristas de la pista, para saber compaginar nuestra faceta pública con nuestra faceta personal, y todo sin perder la sonrisa, y manteniéndonos guapas y simpáticas. Y aquí es donde cortocircuitamos. Las que crecimos y nos socializamos con aquello de que debíamos ser lo que no fueron nuestras abuelas o nuestras madres, nos lanzamos decididas a demostrar que aquella desigualdad que determinó la vida de nuestras encastras no lo haría con nosotras. Y nos dimos el hostión supremo. Nosotras que nos creímos tan libres y tan modernas vimos antes o después que no estábamos tan liberadas, que la sociedad no se había implicado de igual manera en todo esto del feminismo y nos vimos enredadas en innumerables trampas sobre todo en nuestra vida personal y laboral.

Creo que este golpe que sentimos muchas ha de visibilizarse y darse a conocer. Porque además del golpe apenas tuvimos referentes con los que identificarnos. En la genealogía femenina y feminista, que nunca es lineal ni generosa, el sentimiento de pioneras es constante y tuvimos pocas herramientas para paliar el desencanto. Pero de todo esto nos enteramos ya un poco más tarde y es algo que no está presente en Más fotogramas de género.

En definitiva Más fotogramas de género presenta una radiografía de las representaciones de género en los 90 que nos remite a cierta normalización y a un claro espejismo de la igualdad. Las películas analizadas se refieren a una sociedad en la que la desigualdad, la precariedad y la exclusión no son la norma y en la que las mujeres continúan y afianzan los cambios y rupturas analizados en Fotogramas de género al mismo tiempo que surgen nuevas dependencias, de forma especial del amor romántico, mientras las masculinidades siguen sin implicarse en los cambios.

Los dos libros pretenden trazar un mapa, tomando el cine español como fuente, de las representaciones de feminidades y masculinidades en un período concreto como los son los primeros veinticinco años de la democracia española. De ahí que en este libro se recojan las conclusiones de los dos libros, en un intento no de concluir, sino de cerrar una reflexión sobre las treinta y dos películas seleccionadas. Con su publicación cierro una larga e intensa etapa de mi vida profesional y personal y abro otra que espero sea tan fructífera y gozosa…

Pero…aquí no acaba todo…..porque Fotogramas de género tiene un broche de oro. Un multiepílogo compuesto por quince voces femeninas y una masculina, que ofrecen nuevos y diversos prismas con los que acercarnos al cine de los 90. Siempre tuve claro que una radiografía de los 90 sería más completa con las opiniones de una amplia representación de mujeres que vivieron de una forma o de otra aquellos años. Permiten completar esta obra, con el tema que siempre me ha obsesionado, qué significaron estas pelis de los 90 en la construcción de nuestras identidades. Amplían la mirada con un registro muy cercano y vivencial, ese que no me ha salido a mí ni siquiera a fuerza de ponerme la corona y los guantes. Salud y Rock & Roll.

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